viernes, 16 de abril de 2010

¡QUÉ PENA!

Carlos Aguilar
Muchos miserables estarán contentos, muchas figuritas actuales tendrán la sonrisa abierta. Pero la realidad es penosa para quienes amamos los toros.
Los encastes Saltillo y Santa Coloma en manos de Victorino Martín, nos han dado durante 40 años, el suero fisiológico necesario para seguir viviendo los toros con la emoción primigenia que daba sentido a esta “fiesta”.
Ahora está tocando fondo, ya no es un mal día o un mal año. Los toros de ayer en La Maestranza, estaban en tipo, la mayoría con esa imagen de seriedad y firmeza que ha dado importancia a todo lo que se ha hecho delante de ellos. Victorino no va a tener más remedio, que acudir a su demostrada sabiduría y corregir errores de selección… o de lo que sea, para recuperar una ganadería, que ha mantenido el significado perdido de la seriedad en el ruedo.

Tampoco la tarde resulto satisfactoria para los de a pie, salvando la actuación de el Boni. Manuel Jesús “el Cid”, no estuvo en Sevilla, apareció un torero serio y respetado por los buenos aficionados, pero no el Cid. Él no basa su tauromaquia en bellas pinceladas que esconden una mediocridad rectilínea y grosera. El Cid es torero de verdad, en los buenos momentos, para disfrutarle, y en los malos, para entristecerse. No está Manuel Jesús pasando un buen momento, no lo ve claro, ayer no intentó lo que otras tardes habría intentado, pero nos ha dado tantas tardes imborrables y tanta verdad en su toreo, que bien vale la pena ser paciente.

A los inmorales: Manzanares, Juli, Ponce y compañía, no les podemos ni imaginar, con el compromiso, la pureza y el respeto al aficionado que nos ha ofrecido Manuel Jesús “el Cid” durante toda su carrera. Es la única figura del escalafón que no sólo, no evita, si no que pide, torear ganaderías como la de Victorino.

Si quieren sacrificarlo, háganlo.

Coreen las hazañas de los que van a todas las plazas con la manipulación debajo del brazo y la inmoralidad de grana y oro.

Yo, me siento a esperarle. Taurinamente hablando… no tengo nada mejor que hacer.