sábado, 17 de abril de 2010

¡LLEGÓ EL MEDIO TORO!



Carlos Aguilar
Ya está aquí el torito de las figuras: bobo, noble, con las fuerzas justas y la casta precisa para que se mantenga en pie. En frente, El Juli, torero en estado de gracia que desparramó por el coso del Baratillo toda la esencia de su tauromaquia moderna y ventajista.

¿Qué hay que echar la pata “pa´lante”? Él “pa´trás” ¿Qué hay que rematar atrás? Él, con el compás abierto hasta la exageración estira la envestida y traza una línea más recta que el AVE a Madrid, consiguiendo dejar al toro lo más lejos posible. Si a todo esto, le añadimos una técnica y un oficio indudable que le sirven para disfrazar las mentiras del toreo en verdades infinitas, ya tenemos como resultado la tarde de ayer.

El señor Presidente de la corrida, intento poner cordura a la explosión de júbilo de una Maestranza que está bajo mínimos. El resultado: una bronca monumental y dos vueltas al ruedo bajo la lluvia primaveral de la euforia y el desconocimiento.

Lógicamente, El Juli, ante un cuarto que firmaba el mejor lote de la tarde, volvió con su maestría habitual, aunque con menor intensidad, a realizar su excelsa tauromaquia para, esta vez sí, conseguir los dos ansiados pañuelos. El presidente no convencido pero si harto de insultos, sacó los dos pañuelos casi a la vez con gesto de resignación, abriendo así, de par en par la puerta del príncipe.

Es fácil subirse al carro del halago y resaltar las virtudes, que las tiene, de El Juli, pero su tauromaquia “poderosa” aún la espero ante enemigos que le pidan el carnet en vez de estar a punto de claudicar en cualquier momento.

Siempre he oído que torear es cargar la suerte, poder al toro y si se puede, hacer arte. Abrir el compás exageradamente y cargar la suerte es físicamente imposible. Lo de ayer en la Maestranza, no requería enseñar el carnet, ni que una muñeca poderosa superara las complicadas envestidas del astado. Dos orejas son el premio para una faena cumbre, no para una faena en la que la técnica está al servicio del mantenimiento de un toro bobalicón sobre sus cuatro pezuñas.

¡Malos tiempos para la lírica!
Peores para los aficionados cabales.

No nos engañemos, esto ha cogido una velocidad cuesta abajo que no hay quien lo pare. El público asistente a las ferias, es de lo menos cultivado taurinamente que se puede recordar, casi nadie analiza la labor del torero en consonancia con las condiciones del toro. Para que se dé un triunfo como el de ayer en Sevilla, es imprescindible el toro moderno y sin problemas, ahí aparece el torero “cumbre”. Si el toro no es exactamente lo que el torero de ahora necesita, sucede lo que les sucedió a Perera y Castella. Las dudas, los pocos recursos… la nada.