miércoles, 17 de marzo de 2010

SEXTA DE FERIA


Carlos Aguilar

¡Apoteósico Juli! ¡Poderoso Ponce! ¡Mano a mano histórico en Valencia!
 Estos titulares y comentarios, podemos leer hoy en la prensa taurina. Los antiguos cronistas desmenuzaban con síntesis de pluma maestra, lo que había acaecido en el ruedo, y los que no tenían la suerte de haberla presenciado en directo, se la podían imaginar casi minuto a minuto. Siempre el triunfo del matador, dependía de la valía de su oponente. Ahora, solo se ensalza a los toreros, sin denunciar lo inaceptable de la presentación de sus enemigos, y la distinta importancía que tiene lo que se hace delante de ellos.

A las 4:oo de la madrugada, -según recoge Paco Montesinos en su blog, División de opiniones- llegaban a la plaza un camión con 10 toros, para remediar el desaguisado que unos y otros habían preparado.
Los toros lidiados de Zalduendo, llevaban impreso en sus astas la sospecha de manipulación, pero además, su presentación era impropia -o propia, según se mire- de un acontecimiento que algunos llaman histórico.
Lo cierto, es que era una borregada. Hablar de poder, en la muleta que torea estos toros, es cuanto menos, una manipulación más.

El Juli, tiene uno de esos defectos que los “maestros” de las escuelas taurinas, se afanan en quitar a los aprendices de torero, el codilleo. Codillea continuamente en cada final de sus pases, es una mecánica de vicio no depurado.
Con la espada, ¡un cañón!

En otros tiempos, en los que el toro tenía importancia capital, esta corrida se habría tomado a chufla. Pero ahora no. Ahora, lo importante son los toreros, da igual que la suerte de varas no exista, que la lidia sea un desastre; todo está preparado para el triunfo de los maestros. Especialmente, en una tarde como esta.

Que a una figura con 20 años de alternativa, se le escape que al quinto había que lidiarle con sabiduría, demuestra la importancia que tiene la lidia en estos tiempos, y lo poco acostumbrados que están a encontrarse toros con dificultades.

Lo que me parece mas grave, en lo que nadie hace hincapié, es en apuntar a los responsables que sustraen a los aficionados, la posibilidad de ver una corrida de toros en su máxima plenitud. Éstos, son los que ven los toros en el campo: veedores de empresarios y toreros, y quienes permiten las “supuestas” manipulaciónes en las astas: ganaderos, veterinarios y autoridad.

Cuando empieza la corrida y comienza “la lidia”, el público aplaude a los que les están “supuestamente” estafando. Los aficionados –no confundir con el público- se resignan, e intentan disfrutar de lo poco que puedan ver, con la absoluta seguridad, de que esto no lo cambia nadie.

Ponce y el quinto de la tarde, se juntaron en una cita a ciegas, fuera de guión. Osiris, se coló en la fiesta demostrando que nadie sabe tanto de toros, que ningún veedor es tan listo como para preveer la complicación que llevaba dentro, y que haría, que el homenajeado se quitara el traje de ballet y se pusiera el mono de trabajo. Recibió la peor lidia posible de su matador. Puso en evidencia, lo poco acostumbrado que está a lidiar un toro, inesperadamente complicado, y eso... tiene unas cosecuencias que pagó el propio Ponce. Llegó a la muleta, un toro con sus maldades ampliadas por la mala lidia recibida, y Ponce -ahora, sí- se encastó y se puso a trabajar. Llegó a sacar una serie por la izquierda de merito, pero el esfuerzo desacostumbrado, no le dejó llegar a la hora de la verdad, con su privilegiada cabeza despejada. Se tiro a matar apuntando a los bajos, y la espada se desprendió en demasía, fue un relámpago, después de otra entrada... un rosario de descabellos.

Fue un mano a mano con pacto de no agresión. Ponce no se pegó con El Juli en ninguno de los quites de este, salvo en el sexto... cuando ya se sabia claro perdedor.

No veneficia a los toros, catalogar de corrida o triunfo importante, un festejo en el que convierten al protagonista principal, el toro, en un actor secundario de serie B.