miércoles, 17 de marzo de 2010

SEPTIMA DE FERIA


Carlos Aguilar
La corrida de Alcurrucén, no fue ni buena ni mala; mansa, manejable y con un puntito de peligro.

Daniel Luque vino a Valencia con las ganas que va a todas las plazas. Sabe que esta temporada le mirarán con lupa, y la encerrona el Día de Resurrección en Madrid, sobrevuela en el ambiente. Sólo le dio tiempo a estar voluntarioso ante un toro reservón, en la última parte de la faena. Al dar un pase de pecho resultó prendido, quizás debido a una excesiva confianza. Después de matarlo, pasó a la enfermería.

Parte médico de Daniel Luque: "Cornada en cara lateral del tercio superior de la pierna derecha que afecta piel, tejido celular y aponeurosis, desgarrando el músculo tibial. Escoriación en muñeca izquierda. Intervenido bajo anestesia local. Pronóstico menos grave".

Todo quedaba entre El Cid y Rubén Pinar, pero por antigüedad, El Cid mató el segundo toro de Luque.

Rubén Pinar, consiguió la orejita de Valencia. Atesora una tauromaquia, áspera, populista y brusca. No creo que sepa lo que es cargar la suerte, destorea más que torea, pero… tiene la lección aprendida de cómo calentar al público poco entendido y la practica con acierto. En plazas como Valencia le funcionará, pero hay que verle con mayores exigencias. Mucho tiene que cambiar, pero es joven, debemos esperar.

Lo mejor de la tarde, lo realizó El Cid con la derecha a su segundo, pero cuando se pasó la muleta a la izquierda, la faena bajó de intensidad enfriando a un público que no está para el toreo serio. Con un redondo innecesario, calentó más el ambiente, que con las dos o tres series buenas que anteriormente había dado.

No está bien El Cid, y lo siento, no le veo seguro. Es cierto, que este tipo de plazas le van a contra estilo, él es torero serio y profundo, de mando. Con toros más exigentes, sale lo mejor que lleva dentro. Seriedad sí hubo, pero lo demás no se ha visto mucho esta tarde.

También es cierto, que si con estos públicos se dedicara a dar redondos invertidos, martinetes, afarolaos, o cualquier otro pase floral, se llevaría en sus espuertas algún apéndice. Lo peor de la tarde, lo de siempre, la espada.

Siempre me he preguntado ¿Quién fue el lumbreras, que le apodó El Cid?