sábado, 6 de marzo de 2010

MANUEL JESÚS “EL CID”



Carlos Aguilar

Leer la biografía de Manuel Jesús “El Cid”, y entender como ha sido el camino recorrido, para llegar a matador de toros, es imprescindible para valorar su toreo. Compararla ahora, con la carrera de cualquier contemporáneo suyo, con el cartel de figura, es parecido a comparar El Quijote con la obra de Corín Tellado.

Se conoció de memoria, todo el valle del Tietar, sus compañeros de la parte superior del escalafón... han ido a comer alguna vez por allí.

El Cid es la única figura actual, que podemos ver con los Vitorinos, -por ejemplo- en plazas de máxima responsabilidad y salir a hombros de ellas, es más… su carrera está cimentada sobre esas tardes de máximo compromiso y triunfos sonados.

Para comprender su tauromaquia, es necesario mirar su pasado. Quizás por eso, cuando mata los toros amaestrados por la selección, bajo el dictado de las figuras actuales… no da la talla.
¡Es un torero de Madrid! Dicen para desprestigiarle. Al maestro Rincón, le acusaban de lo mismo.

A "El Cid", le sucede todo lo contrario que a Ponce, Manzanares, o Juli, por poner un ejemplo. Él no entiende, de cuidados, de mantener al toro en píe, o de sacar agua de un pozo vacío, no entiende de trincherazos de la escuela rusa de Rudolf Nureyev, sino de trincherazos para ahormar la envestida del toro. Se enrosca al toro en sus caderas, no entiende de líneas rectas.

Lo antiguo de parar, templar y mandar, es su religión, y cuando el que sale por chiqueros, ya está parado, templado y mandado, poco le queda por hacer… que no sea intentar unos pases de ballet, que él, -torero recio y profundo- no domina.