jueves, 4 de marzo de 2010

LA AFICIÓN




Carlos Aguilar

En Valencia ya huele a pólvora, todos los días a las 2 en punto de la tarde, podemos disfrutar del ruido ensordecedor de la mascletà, gentío en las calles aledañas a la Plaza del Ayuntamiento, y cerca… muy cerca, las taquillas de la plaza de toros, ardiendo de malestar, muecas de indignación y resignación en los abonados y una sensación casi unánime, ¡nos la han “clavado” otra vez!

El maltrato que la afición valenciana ha recibido, por parte de la Diputación y la empresa del ínclito “artista” Simon Casas, no tiene parangón. Los precios en estos momentos de crisis cruenta, han subido, y la corrida del festival vestido de luces, que se han marcado “Los Simones”… un atraco.

Pero miren ustedes, lo que no se defiende, no se protesta. Los derechos hay que ganárselos, y los abusos, no hay que permitirlos.

¿Para qué sirven las asociaciones de abonados? ¿Para sacar una nota de protesta... y ya han cumplido? ¿De verdad que estas asociaciones, están respaldadas por los abonados? O son solo una manera de figurar –por quienes las crea- en las altas esferas del mundo taurino.

Si los abonados valencianos, pertenezcan a asociaciones o no, renuevan su abono, y con mala cara, y refunfuñando aceptan el abuso, no se merecen mucho mas de lo que les dan.

Había un dicho antiguo que decía: “El español es valiente en la guerra y cobarde en la paz”… ¡Así nos va!

El mundo de los toros necesita una restructuración a fondo, y eso solo lo pueden promover, las asociaciones y los aficionados, -nadie más lo va a hacer- dejando a un lado el victimismo reinante, y actuando.

Pensemos objetivamente en el movimiento antitaurino, se han movilizado y conseguido, que en estos momentos, esté en entredicho a nivel nacional, las corridas de toros.

Algo impensable hace… no demasiado tiempo, ¿Por qué ellos sí, y nosotros, que se nos llena la boca en gritar a los cuatro vientos, nuestro amor por las corridas de toros, dejamos que se mueran lentamente?

A veces lavándonos las manos, nos ensuciamos la conciencia.