martes, 16 de marzo de 2010

QUINTA DE FERIA


Carlos Aguilar

Ricardo Gallardo, dejó en Valencia un mal sabor de boca el año pasado. Este año, la corrida de Fuente Ymbro venia envuelta en papel de regalo; toros nobles y sin demasiadas dificultades, justos de fuerza y de presencia. Como oponentes, tres toreros en momentos diferentes, pero necesitados los tres, de triunfos que les sitúen en la parte alta del escalafón. El primero de Gallardo; de premio.


De Matías Tejela, poco se puede decir, que no se haya dicho ya. Dejar pasar estas oportunidades sin poner todo el valor y decisión que la oportunidad requiere, da la razón a quien no entendía su inclusión en la Feria. Los toros que le tocaron en su lote, merecían mucho más.

Bolívar, en su primer toro, nos recetó una lidia indecente, ni pudimos ver lo que el toro llevaba dentro, ni lo vimos a él. El sexto fue un toro de triunfo, pero le costo mucho ver su pitón derecho. Cuando lo hizo, vimos lo mejor de la tarde con muletazos de mano baja templando la envestida del toro. Con la izquierda todo quedó en nada. Un bajonazo le quitó cualquier oportunidad de tocar pelo. No lo va a tener fácil este año Bolívar si se conforma con cubrir el expediente.

Cesar Jiménez, abrió la Puerta Grande con la espada… sólo con la espada. En su primero, poco le faltó para ahogarse entre sus dudas perfileras . Le costó una eternidad echar la pata “p´alante”; Fue un Jiménez, cauteloso, encogido, sin sangre. Cuando se decidió, hizo al natural, lo mejor de su actuación. No estuvo Cesar, como pedían los “Gallardos”. Ni reventó, ni se la jugó como debía. Un Cesar Jiménez de perfil bajo, en una plaza que no le regaló ni un olé durante una faena, fría como la tarde.
 Pero en Valencia… ¡Puerta Grande!