jueves, 25 de febrero de 2010

¡QUÉ TORERAZO!
Carlos Aguilar

¡Qué recuerdo de torero grande! con el compás abierto, asentando las plantas, “entregao”, con la cabeza fría y el genio por “to lo alto”.

El arte y la técnica, al servicio del toreo en grado sumo. Dicen que fue como José y Juan en un solo torero, yo creo que no, ni los toros de entonces se parecían a los que toreo D. Antonio, ni falta que les hacía. Era otra época, antesala de la podredumbre actual, pero en esa antesala, aún los toreros, se peleaban de verdad en los ruedos, los manos a manos eran tan auténticos, que algunos llegaban a las manos entre ellos.

Antonio tuvo de Juan, el valor y la intelectualidad, los Hemingway del momento, eran asiduos del maestro rondeño, el arte y la elegancia de José.

Pero, Antonio Ordóñez no fue indiscutible y reconocido hasta el final de sus días, cuando viéndole lastimosamente herido de vida, la típica conmiseración española le otorgo el rango que algunos siempre le habían negado. Se utilizó el “rincón de Ordóñez” para relegarle de su gloria y hasta se puso en duda un valor, indudable.

Parece que D. Antonio, no mató nunca a “Costillita” en Madrid o a “Bilbilarga” de Atanasio…Fue figura del toreo casi un cuarto de siglo, en una época en las que las cornadas duraban más, y los olvidos tardaban menos.

Decía Antonio Burgos en su crónica homenaje al maestro, que a Juan no hacía falta llamarle Belmonte, y a José le sobraba, Gómez Ortega, pero que si decíamos Antonio… era el bailarín.

He recordado al maestro, viendo un video que un amigo me ha hecho llegar. He disfrutado viéndolo y sintiéndolo…pero no es el mismo sentimiento que el que me nace, cuando veo a la mayoría de las figuras actuales…a estos, siento haberlos visto.