viernes, 12 de febrero de 2010

    HE SUFRIDO "EL CASTELLATO"



                                                                                                                               Carlos Aguilar

¡Señor qué tarde mandao! me rio del villarato con que machacan al Barça ¡Estoy rodeao! los de arriba, los de abajo, este y el otro ¡Qué Castella es el futuro! ¡Qué es más poderoso que el aluminio pa fregar! que no hay toro que se le resista y que este año se va a merendar al que se ponga a su lado,  ¡ozú, qué agobio tengo!. Esto me pasa por comer con quien no debo, las viandas y el sitio lo merecían, pero a la compañía se le estaba haciendo muy largo el invierno.

A Castella le he visto, lo juro que sí, le vi en Madrid el día de la puerta grande con toros de Garcichico, como no podía ser de otra forma, le  vi en Valencia y me acuerdo de José Tomás en la misma terna, y de él, lo que más me queda de la temporada pasada es su antipatía endémica, su sosería –es lo malo de entrevistar y conocer a los toreros fuera del ruedo- y en el ruedo su encimismo, eso de ahogar a los toros para que no se vea lo que llevan dentro.

¡Cómo estará el patio para que vuelva loco a tantos, el Castella de Sevilla nacido allende  los Pirineos!, el caso que más me enerva es que nunca se habla de El Cid, bueno se hablo mucho del Campeador pero se ha dejado de hablar, El Cid, el sevillano de Madrid, en los últimos 10 años es el que más orejas ha cortado en Sevilla y Madrid, 22 en Sevilla y 12 en Madrid, y poco vio del encaste artista, que a éste lo que le pone es poder a los toros, si le echan una babosita, como no hay que obligarle, si no hacer de enfermero, todo le queda superficial, y cuando ha tenido una temporada flojita le han dado por todos lados.

Castella el año pasado hizo una faena en Las Ventas que quedará en los anales de lo vulgar y a pesar de matar fatal, los de la rosa y el clavel engominao, le dieron la puerta grande, la debe de haber colocado en un lugar preferente de su vitrina de trofeos y este año estará crecido pensando que ése es el camino.

En Madrid, Castella dejó algún aficionado, como mi amigo José Ramón, pensando por que le abrían aquella puerta tan grande, para unos méritos tan chicos.

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