miércoles, 10 de febrero de 2010

EL AYER SE HACE CRÓNICO O EMPEORA



En un artículo publicado el 1 de enero de 1943 en el diario ABC, escribía el cronista taurino Giraldillo una crónica que titulaba JUICIOS Y PRESAGIOS ENTRE DOS TEMPORADAS, leyéndola no sabía distinguir si era actual o de la época de María Castaña, escribía literalmente:

Nos hallamos en el último periodo de una evolución fatal. Los toros, la fiesta nacional por antonomasia evoluciona de espectáculo único a constituir un espectáculo más, con todas sus consecuencias. De la truculencia se ha pasado al truco, y esto es todo. El mal o el bien comienza en Guerrita, se acentúa en el periodo Joselito Belmonte y se explaya en la actualidad, cuando se han suprimido todas las distancias… y todo el volumen del enemigo. Se ha achicado el toro y se ha agrandado el toreo lo cual, si bien se mira, ni es ganar ni perder, porque todo está compensado. Conforme disminuían los toros, crecían los toreros. De los aguafuertes de Goya a las litografías de Perea, y desde estas a los dibujos de Marín, Martínez de León y Roberto Domingo, podemos estudiar la evolución. Hay más garbo, más plástica, más línea. Se encoge el toro y se estira bellamente el torero. El toreo cómico, y esto lo decimos completamente en serio, abrió inmensos horizontes. Si Belmonte suprime distancias y proclama la verdad de que sólo hay un terreno: el del torero, Carmelo y LLapisera revelan como se puede jugar en este terreno y como la degeneración cómica puede gustar en serio. Estamos en pleno truco. El arte de lidiar ha desaparecido. Por otra parte, ¿a qué lidiar? ¿Qué es lo que hay que lidiar? Toda la lidia se encamina ahora a evitar que el toro se caiga. Cuidar del toro es evitar que el animal se fatigue. Y viene la degeneración estética, el esteticismo de un toreo blando, agitanado, unas veces; en ritmo de baile sevillano, otras.
Sólo se aplaude el juego de las manos bajas, los pies juntos, y el lance hecho al hilo del viaje. Hemos entrado plenamente en un arte de pista, no de ruedo. De la afición se ha pasado a la industria, del arte, al oficio. Y todo se concibe como negocio. Negocio, la producción del toro, que no llega ni a novillo; negocio y prisa por hacerse ricos en la cría y en la lidia. Es decir, que no debemos considerar a los toros como fiesta nacional, proyección de virtudes raciales, sino como espectáculo industrial.
Bien que se dijera Tauromaquia cuando había Tauro, pero ahora, ¿Qué vamos a enunciar y a encerrar en un juicio tauromáquico del año sin toros?

¿Qué me dicen, a qué reconocemos casi todo en la actualidad?

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